Autoestima infantil: cómo construir confianza y reducir el miedo a fallar

Descubre por qué “eres el mejor” o “tú puedes con todo” pueden generar miedo a decepcionar. Aprende qué decir para construir confianza real y autoestima sana.

María Rojas-Marcos

2/8/20265 min read

Construir confianza en niños: por qué los halagos vacíos pueden hacer daño (y qué decir en su lugar)

Hay frases que decimos con amor, casi sin pensarlas. Tu hijo te enseña un dibujo, un logro, una nota, un intento… y tú quieres protegerlo, levantarle el ánimo, que no dude de sí mismo. Y entonces aparece lo automático:

“¡Eres el mejor!”
“¡Tú puedes con todo!”
“¡Qué crack!”
“¡No pasa nada, eres buenísimo!”

Son frases bonitas. A veces incluso necesarias para cortar un mal rato. Pero si se convierten en el lenguaje habitual, pueden tener un efecto inesperado: construyen una autoestima que depende de ser perfecto o destacar. Y eso, en muchos niños, termina derivando en algo que vemos en consulta con frecuencia: miedo a decepcionar, miedo a fallar, necesidad de aprobación o una autoexigencia que no les deja respirar.

En este artículo te explico una idea clave: no es lo mismo inflar el ego que construir confianza. Y, sobre todo, te dejo ejemplos claros de qué mensajes ayudan a tu hijo a sostenerse por dentro, sin necesidad de ser “el mejor”.

Autoestima inflada vs confianza construida: no suenan igual por dentro

La autoestima inflada suele sonar fuerte por fuera… pero frágil por dentro. Se apoya en mensajes grandiosos (“eres el mejor”, “siempre puedes”) que crean una imagen idealizada. El problema es que la realidad, tarde o temprano, pone límites: un examen sale regular, un partido se pierde, un amigo rechaza, una profesora corrige, un día torpe… y entonces aparece el choque:

“Si yo era tan bueno… ¿por qué me sale mal?”

Ahí muchos niños interpretan el fallo como una amenaza a su valor. Y es cuando empiezan los patrones que preocupan:

  • miedo a equivocarse

  • miedo a deceocionar

  • bloqueo ante retos nuevos

  • comparación constante

  • dificultad para tolerar la frustración

  • necesidad de aprobación (“¿te gusta?”, “¿seguro?”, “¿lo he hecho bien?”)

  • evitación (“no lo hago si no me sale perfecto”)

La confianza construida, en cambio, suena distinta. Es una base interna más calmada:

“Puedo intentarlo.”
“Puedo fallar y aprender.”
“No necesito ser el mejor para estar bien conmigo.”

Ese es el objetivo real: no que el niño “se lo crea” por un rato, sino que se sostenga, incluso cuando duda.

Por qué decir: “tú puedes” siempre, hace qe a veces se convierta en presión

“Tú puedes” puede ser un mensaje precioso… o una carga, según el contexto. Por eso debemos estar pendientes a la realidad de la situación, pues lo que sí se puede siempre es aprender, no en sí conseguirlo, ser el mejor, o hacerlo bien rápido.

Si tu hijo está frustrado o asustado y recibe como única respuesta “venga, tú puedes”, puede interpretarlo como:
“Tengo que poder. No hay espacio para no poder.”

Y cuando no puede, aparece vergüenza:
“Soy débil”, “No valgo”, “Algo me pasa”.

Un mensaje más regulador sería este:

“Quizá ahora no puedes… y no pasa nada. Vamos paso a paso, aprenderás y cada vez te saldrá mejor y te será más fácil. Estoy contigo.”

Porque la confianza no nace de exigirse, sino de vivir una experiencia repetida: puedo sentirme mal y aun así salir adelante, acompañado.

Halagos vacíos: cuando el niño choca con su idealización

Los halagos vacíos son generales porque siempre damos el mismo mensaje de apoyo o de si tu no vas a tener ningún problema con eso, en lugar de usar argumentos de realidad que le sirvan para afrontar la situación. Por eso los llamamos vacíos, vacíos de realidad, no sostienen, con lo que suelen ser globales y poco concretos:

  • “Genial”

  • “Perfecto”

  • “Eres increíble”

  • “Eres el mejor”

No es que estén prohibidos. El problema es cuando se convierten en la base de la identidad del niño. Porque entonces aprende a mirarse desde una etiqueta, no desde su proceso. Y el día que esa etiqueta no encaja con la realidad, se rompe por dentro.

Ahí es donde nace el miedo a decepcionar:
“Si no lo hago excelente, no soy suficiente.”

📝 Ejercicio breve:
Lo que sí construye confianza: mensajes concretos, realistas y con base

Los niños necesitan espejos. Pero no espejos que deformen, sino espejos que reflejen con verdad y calidez.

Lo que construye autoestima real no son etiquetas, sino experiencias y palabras que nombren:

  • esfuerzo

  • estrategia

  • aprendizaje

  • valentía

  • paciencia

  • constancia

  • capacidad de corregir

Ejemplos: qué decir en vez de “eres el mejor”

En lugar de: “¡Eres un crack dibujando!”
Di: “Me gusta cómo has elegido los colores y cómo has tenido paciencia para terminarlo.”

En lugar de: “Tú siempre puedes.”
Di: “Esto es difícil. Has hecho una parte bien. La otra la entrenamos.”

En lugar de: “No pasa nada” (cuando pierde)
Di: “Entiendo que te dé rabia. Perder duele. Y también es parte del juego.”

En lugar de: “Eres el mejor de la clase.”
Di: “Te has organizado bien. Has estudiado con constancia. Eso te ayuda.”

La diferencia es sutil, pero profunda:

  • La etiqueta “infla” y crea dependencia.

  • Lo concreto “construye” y da herramientas.

Validar no es consentir: sostener con límites también crea autoestima

La autoestima se construye de verdad en los momentos difíciles, no solo cuando el niño está contento.

Cuando tu hijo se desregula (llora, grita, se enfada, se rinde), no necesita un discurso motivacional. Necesita sostén.

Sostener es:

  1. Nombrar lo que pasa: “Veo que estás muy frustrado.”

  2. Validar la emoción: “Tiene sentido que te sientas así.”

  3. Marcar el límite: “Y aun así, no se pega / no se insulta / no se rompe.”

  4. Acompañar a regular: “Vamos a calmarnos y luego lo hablamos.”

Esto enseña un mensaje esencial:
“Mis emociones caben, pero mis conductas tienen límites. Y no pierdo el vínculo por sentirme mal.”

Ese aprendizaje es una base segura.

La meta no es que no sufra: es que no se hunda cuando sufra

Como adulto, a veces duele ver a un hijo frustrado. Y ahí aparece el impulso de “arreglarlo” rápido, de tapar la emoción con una frase bonita.

Pero crecer incluye frustración. Incluye errores. Incluye comparación. Y no significa que lo estés haciendo mal. Significa que tu hijo está aprendiendo a vivir.

Tu papel no es evitar todo dolor. Tu papel es enseñarle que el dolor se atraviesa, y que el error no le quita valor.

Cuando un niño aprende esto, deja de vivir en modo “no debo decepcionar” y empieza a vivir en modo “puedo afrontarlo”.

Ejercicio breve para casa: 7 días construyendo confianza

Durante una semana, prueba este pequeño cambio.

Cuando tu hijo pida aprobación (“¿te gusta?”, “¿lo hice bien?”), responde en dos pasos:

  1. Valido y acojo lo que necesita: “Veo que necesitas que te confirme algo.”

  2. Se lo devuelvo enseñándole a confiar en su opinión: “Antes de que yo opine, ¿tú qué piensas? ¿Qué es lo que más te gusta a ti?. Seguro que al principio insistirá: “¡pero dímelo tú!” Es normal. Está aprendiendo a mirarse desde fuera. Tú le estás enseñando a mirarse desde dentro.

Conclusión

Inflar autoestima parece una ayuda rápida, pero puede dejar al niño atrapado en la exigencia: ser perfecto, ser el mejor, no decepcionar.

Construir confianza es más silencioso, pero más potente: le enseña a sostenerse, a aprender, a tolerar la frustración y a no depender de la aprobación para sentirse valioso.

Si te quedas con una idea, que sea esta:

No se trata de decirle a tu hijo que puede con todo.
Se trata de acompañarle a descubrir que, incluso cuando no puede, puede aprender.
Y que su valor no está en ganar, sino en construirse.