Transitar el duelo tras un aborto voluntario
Hablar del impacto emocional tras una interrupción voluntaria del embarazo (IVE) sigue siendo difícil. Muchas mujeres pueden experimentar un duelo complejo o no legitimado y hoy queremos decirle que no está sola.
María Rojas-Marcos
1/26/20264 min read
Transitar el duelo tras un aborto voluntario
Cuando la decisión fue consciente… y aún así duele
Hablar del impacto emocional tras una interrupción voluntaria del embarazo (IVE) sigue siendo difícil. No porque sea una experiencia rara, sino porque muchas veces no encaja en los relatos socialmente aceptados: si fue tu decisión, no deberías sufrir. Sin embargo, en consulta vemos con frecuencia que, semanas o meses después, aparecen tristeza, culpa, ambivalencia, arrepentimiento, distancia en la pareja o una sensación de vacío difícil de nombrar.
¿Se puede vivir duelo después de un aborto voluntario?
Sí. Y es más común de lo que se suele reconocer. Por desgracia, el duelo tras una IVE encaja con la definición del término “duelo desautorizado”, el cual describe aquellas pérdidas que la sociedad no reconoce como legítimas para ser lloradas.
El duelo no depende únicamente de cómo se produjo la pérdida, sino de qué significado tenía ese embarazo, aunque fuera breve, ambivalente o no deseado. Muchas mujeres pueden experimentar un duelo complejo o no legitimado: un dolor que, como bien indica el término anterior, no siempre se siente autorizado, ni por el entorno ni por una misma.
Esto puede generar pensamientos como:
“No tengo derecho a estar triste”.
“Si yo lo decidí, debería estar bien”.
“Algo falla en mí por sentirme así”.
“Si me siento así debe ser porque me he equivocado”.
Cuando el duelo no encuentra un lugar, suele transformarse en culpa, rumiación o autoexigencia emocional.
Emociones frecuentes (y normales)
Cada experiencia es única, pero hay emociones que aparecen con bastante frecuencia tras un aborto por decisión propia:
Ambivalencia emocional: alivio y tristeza al mismo tiempo.
Culpa o autorreproche, incluso cuando la decisión fue pensada y responsable.
Arrepentimiento parcial: no siempre de la decisión, sino de no haber tenido otras opciones.
Tristeza diferida: el impacto emocional aparece semanas o meses después.
Soledad emocional: tanto cuando hay dificultad para hablar del tema sin sentirse juzgada, como cuando has podido hacerlo en un espacio seguro.
Sentir todo esto no invalida la decisión tomada. Habla de la complejidad emocional de la experiencia humana.
El peso del silencio y del estigma
A diferencia de otros duelos, el duelo tras una IVE suele experimentarse en soledad. El peso del juicio social, especialmente por tratarse de una decisión voluntaria, empuja al silencio. A menudo también ocurre que el entorno, aun queriendo acompañar, no sabe cómo hacerlo, y acaba recurriendo a frases que intentan aliviar pero terminan invalidando el dolor.
Este silencio puede cronificar el malestar y aumentar la sensación de estar viviendo algo “prohibido”. En terapia, a menudo el primer alivio aparece cuando la experiencia puede ponerse en palabras sin ser cuestionada.
Impacto en la relación de pareja
No todas las parejas viven el aborto de la misma manera ni al mismo ritmo. Algunas dificultades habituales son:
Diferencias en la vivencia emocional (una parte quiere hablar, la otra prefiere pasar página).
Sensación de incomprensión o distancia afectiva.
Reproches implícitos o explícitos.
Dificultad para retomar la intimidad.
Es importante recordar que no sentir lo mismo no significa querer menos. Muchas crisis de pareja tras un aborto no tienen que ver con la decisión en sí, sino con la falta de espacio para expresar el impacto emocional de cada uno.


📝 Ejercicio breve: Darle un lugar a lo que sientes
Busca un momento tranquilo y responde por escrito, sin pensar demasiado, a estas tres frases. No tienen que quedar bonitas ni coherentes: solo honestas.
1️⃣ “Una parte de mí se siente…”
(Pon aquí la emoción o mezcla de emociones que aparezcan: tristeza, alivio, culpa, vacío, calma, enfado, confusión…)
2️⃣ “Lo que más me duele o me pesa de esta experiencia es…”
(No lo que debería doler, sino lo que realmente duele).
3️⃣ “Si pudiera hablarme con comprensión hoy, me diría…”
(Intenta que esta frase no sea un juicio ni un reproche, sino algo que dirías a alguien a quien quieres y respetas).
🔹 Para terminar, lee lo que has escrito y pregúntate:
¿Hay algo de lo que siento que nunca me he permitido validar del todo?
No tienes que resolver nada ahora. A veces, el primer paso del duelo no es entenderlo, sino darle permiso para existir.
De la culpa a la comprensión
Una parte importante del trabajo emocional consiste en diferenciar:
Responsabilidad vs castigo. Muchas personas confunden hacerse cargo de una decisión con castigarse por ella.
Responsabilidad implica reconocer: “Tomé esta decisión, fue mía, tuvo consecuencias emocionales y puedo hacerme cargo de cómo me siento ahora.”
Castigo implica algo distinto: “Como tomé esta decisión, merezco sufrir, reprocharme constantemente o no permitirme estar en paz.”
Revisar la decisión vs vivir atrapada en el reproche. Preguntarse: “¿Qué me llevó a decidir esto? ¿Qué necesitaba entonces? ¿Qué aprendí sobre mí?”, en lugar de: “No debí hacerlo”, “si hubiera hecho otra cosa…”, “me equivoqué imperdonablemente”.
Una pregunta terapéutica clave suele ser:
“¿Tomaste la mejor decisión posible con la información, los recursos y el momento vital que tenías entonces?”
Responder honestamente a esto no elimina el dolor, pero suele abrir la puerta a una mirada más compasiva hacia una misma.
Integrar la experiencia en la historia vital
El objetivo no es olvidar ni justificar, sino integrar. Algunas mujeres encuentran útil:
Escribir una carta (a sí mismas, a la experiencia, a lo que pudo ser).
Realizar un ritual simbólico y privado de cierre.
Hablar del tema en un espacio terapéutico seguro.
Nombrar emociones contradictorias sin intentar resolverlas todas.
Integrar significa que la experiencia deja de ser una herida abierta y pasa a formar parte de la propia historia sin definirla por completo.
Para terminar
Haber decidido interrumpir un embarazo no te obliga a estar bien emocionalmente. El sufrimiento posterior no invalida tu capacidad de decisión, tu madurez ni tus valores.
Si después de un aborto sientes que algo se ha removido y no termina de recolocarse, pedir ayuda psicológica no es exagerar: es cuidarte.
Hablar del duelo tras un aborto por decisión propia no es abrir un debate moral, sino reconocer una realidad emocional que merece ser acompañada.
Escrito por Laura Giraldo.
